Estimado/a amigo/a:
La decisión de iniciar una terapia siempre es algo difícil para muchas personas. Preguntas del tipo: ¿Me ayudará? ¿Cuánto tiempo tendré que ir? ¿No sería mejor tomar medicación? ¿Me va a salir muy caro? O comentarios de terceros: “esto lo tienes que superar tu solo”, “si tú no puedes, quién te va a poder ayudar”, “esto son manías, lo que tienes que hacer es salir y distraerte”, “los psicólogos nunca te dejan ir”, “a los psicólogos solo va gente que está muy mal”, etc…
Todo esto no tiene ningún sentido.
Llevo años dedicándome a la psicoterapia, he tratado a cientos de personas y sé que cuando alguien solicita ayuda es porque lo está pasando mal, es decir, sufre… o bien teme que algo que le sucede pueda convertirse en un verdadero problema. Es una decisión valiente, pero necesaria. Porque una vez afrontada la situación, la solución empieza a estar más cerca.
Por mi consulta han pasado personas de todas las edades y de toda condición, y reconozco que como psicólogo he aprendido mucho también de todas las vidas que vienen a confiarse y a expresarse con absoluta libertad.
Mi formación se ha centrado en el conocimiento de la esencia del ser humano, puede parecer muy petulante dicho así, pero es cierto. No me interesan los cambios de conducta inducidos artificialmente, ni tengo ningún prejuicio sobre cómo ha de ser una persona, no pienso que todos estemos destinados ni obligados a tener el mismo tipo de vida y no creo que haya que pensar de una determinada manera. No estoy de acuerdo con las terapias que se eternizan porque nunca dejan de remover el pasado pero tampoco con las que se focalizan tanto en el tema que se olvidan que la persona es mucho más compleja que el hecho de “solucionar un síntoma”. No creo en el organicismo, aunque sí en la predisposición genética. Pienso que muchas problemáticas (no todas) que algunos psiquiatras consideran crónicas no lo son, lo que ocurre es que es más cómodo administrar la medicación de por vida y anular el problema aunque sea inutilizando una parte importante de la psique de ese individuo.
Siempre he pensado que la psicoterapia, con toda su complejidad, es mucho más fácil de lo que a veces se pretende porque de lo que se trata, fundamentalmente, es de comprender al ser humano íntegramente, desde su condición de simio evolucionado hasta su potencialidad espiritual (sí, espiritual también, es una dimensión a tener en cuenta). Por tanto se hace necesario tener una actitud muy abierta y receptiva ante lo que le nos explica una persona concreta porque el problema puede radicar en cualquier parte de ese continuum que va desde el instinto reptiliano situado en determinadas zonas de nuestro cerebelo hasta la posibilidad de transmutación psíquica albergada en nuestro inconsciente más profundo.
Hay muchos factores a tener en cuenta en una terapia: la crianza, los padres, el entorno, cómo fue la vida en la escuela, la afectividad, el cuerpo, las creencias sobre uno mismo, los complejos, las insatisfacciones, las verdades ocultas, las expectativas o la carencia de ellas, la sexualidad, la comunicación social, etc.
En todo caso el autoconocimiento y llegar a armonizar con uno mismo y con la vida es una tarea además de sanadora, apasionante.
Damián Ruiz
Psicólogo – Col. 7884
Barcelona
Tel. 93 414 62 77 |
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